Tacto


Vistazo general



El sentido del tacto permite a los organismos percibir cualidades de los objetos y del ambiente como la presión, la temperatura, la aspereza o suavidad y otros. Este sentido se halla en la piel, en donde se encuentran diferentes clases de receptores nerviosos que se encargan de transformar distintos estímulos del exterior en información que puede ser analizada por el cerebro. La transmisión de la información de los receptores pasa por nervios a través de la espina dorsal y hacia el cerebro. El procesamiento de esta información en el cerebro ocurre mayormente en la Circunvolución Central Posterior en el lóbulo parietal.
De manera general, el sistema funciona cuando un estímulo especifico, como la presión, acciona la actividad de una neurona sensorial. La señal de la neurona eventualmente llega a un área en el cerebro que está ligada a esa parte del cuerpo, lo que permite sentir el estimulo en el lugar correcto. Se trata entonces de un mapeo de punto-a-punto de la superficie del cuerpo en el cerebro. La figura del homúnculo sirve para reflejar el espacio sensorial relativo que nuestras partes corporales representan en la corteza cerebral. Los labios, manos, pies y órganos sexuales son considerablemente más sensibles que otras partes del cuerpo, por lo que el homúnculo tiene labios, manos y genitales extremadamente grandes.

Entrando en Materia




El órgano clave del tacto es la piel. Esta se extiende por todo el cuerpo y se encuentra en un estado constante de renovación. Con relación a la sensibilidad, las partes más pilosas son las más sensibles a la presión, porque hay muchos receptores en la base de cada pelo. Además, la piel es más delgada donde hay pelo o vello. Cabe notar que el sentido del tacto no está en la capa externa de la piel, sino en la segunda, en la dermis.
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Figura 1. Homúnculo


Vale la pena destacar que aunque el sentido del tacto se encuentra principalmente en la piel, se encuentra también en las terminaciones nerviosas internas del organismo. Esto permite percibir los cambios en temperatura o la existencia de dolor, cambios que no se podrían detectar con los otros sentidos.
El principio de una sensación táctil se da con la activación de un receptor sensorial de la piel que detectan los cambios que se producen en el entorno. La estructura de estos receptores es similar en todos los casos, compuestos de una terminación nerviosa incrustada en una capsula. Estos receptores pueden ser activados por movimiento (mecanoreceptores), presión (mecanoreceptores), dolor (nociceptores) o temperatura (termoreceptores). Vibraciones también pueden activar a los receptores, como cuando un dedo roza una superficie. Podemos percibir vibraciones de unos 250 Hz, que es la frecuencia óptima de sensibilidad de los Corpúsculos de Pacini. En todos los casos, la activación ocurre de la misma manera; un estímulo causa la despolarización de la terminación nerviosa generando un potencial de acción que viaja hacia la columna vertebral.
La información sensorial de los receptores es transmitida al cerebro por neuronas aferentes. En la columna vertebral, el sistema somato sensorial incluye vías ascendentes, compuestas de las neuronas aferentes, del cuerpo al cerebro. Uno de los principales objetivos en el cerebro de estas señales sensoriales es la Circunvolución Central Posterior en la corteza cerebral. Cabe notar que muchas vías somato sensoriales ascendentes incluyen sinapsis en el tálamo o la formación reticular antes de llegar a la corteza. En la circunvolución central posterior hay un mapa del espacio sensorial. Allí, áreas de esta parte del cerebro están ligadas a partes especificas del cuerpo, dependiendo de la importancia del input sensorial de esas partes.

¿Y los Corpúsculos?



En el estudio del tacto existen distintos corpúsculos encargados de ejercer distintas funciones. Los Corpúsculos de Pacini, que responden rápidamente a cambios en la presión, presentes cerca de las articulaciones y en tejidos profundos, son sensores que le dicen al cerebro si existe presión y también que movimientos hacen las articulaciones o de qué modo están cambiando de posición los órganos cuando nos movemos. Los Corpúsculos de Ruffini y los de Krause son sensores de temperatura que se hallan a cierta profundidad bajo la superficie de la piel y registran la presión constante. Las informaciones táctiles de la temperatura le dicen al cerebro de cambios tanto altos como bajo, con frecuentes actualizaciones. Los Corpúsculos de Meissner, que se encuentran entre la epidermis y la dermis, se especializan en las partes no pilosas del cuerpo como las plantas de los pies, las puntas de los dedos, las zonas erógenas, las palmas y la lengua.

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Figura 2. Capas de la piel y Corpúsculos

Bibliografia


Emile L. Boulpaep, Walter F. Boron (2003). Medical Physiology. Saunders. pp. 352-358. ISBN 0-7216-3256-4
Montagu, Ashley. La mente de la piel. pp. 23, 34-35.
Figura 1. Imagen tomada de http://tallerdecienciassantaana.blogspot.com/2011/04/el-tacto-la-piel-no-solo-es-el-organo.html el 02 de mayo del 2012.
Figura 2. Imagen tomada de http://harmonicresolution.com/Sensory%20Homunculus.htmel 02 de mayo del 2012.