Realismo Ingenuo

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Kanizsa (1986) afirma que la aproximación al mundo más obvia e ingenua conlleva la idea de que el ser humano es capaz de percibir los objetos tal y como son, con todas sus propiedades, directamente con nuestros sentidos. Este realismo ingenuo tiene implicaciones en la visión cotidiana del mundo, pues parte de la suposición de que el mundo es manipulable y es posible moverse dentro de él. De manera abreviada, el realismo ingenuo consiste en la creencia de que el mundo físico corresponde a la percepción de él que se tiene a través de los sentidos.A pesar de lo natural que es considerar tal afirmación, debido a la naturaleza misma de las percepciones que sugiere concordancia precisa con las propiedades de la realidad física, es posible considerar con más cuidado la relación entre los objetos físicos y la idea de ellos que dan los órganos de los sentidos para establecer con mayor certeza su verdadero vínculo.

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Fig 1. Triángulo de Kanizsa. Famosa ilusión óptica.




Es necesario admitir el fenómeno de las ilusiones ópticas, y así concluir que los sentidos nos son perfectos; pero Kanizsa (1986) lleva esta afirmación a una mayor profundidad, poniendo en duda cualquier forma de representación del mundo físico que parta de los sentidos. En el caso de ilusiones ópticas como el triángulo de Kanizsa [ver figura 1], la configuración de posiciones y ángulos de algunas figuras geométricas, permite la percepción de un triángulo blanco superpuesto que, de hecho, no existe en la figura. Kanizsa llama a esto, presencia fenoménica, y se refiere a un objeto en la realidad perceptiva que no se encuentra en la realidad física. Existen no sólo objetos que se manifiestan de manera fenoménica sin ser explicados por la realidad física, también es posible identificar propiedades o direcciones. Además, es posible identificar ausencias fenoménicas, en casos en los que la realidad física ofrece imágenes ambiguas o cuando una figura resulta absorbida por otros elementos a su alrededor.



Para Kanizsa (1986), la evidencia de que existe ceguera ante objetos que se encuentran al descubierto, y otros fenómenos como la discrepancia entre las propiedades como el color o el tamaño de los objetos físicos y sus expresiones fenoménicas, es suficiente para dudar la concepción de una relación inmediata y directa entre la realidad física y lo que es percibido. Kanizsa considera que la existencia de abundantes ilusiones ópticas debe llevar a la apreciación de los errores en la percepción durante todo el tiempo y en ambiente naturales y cotidianos. La percepción no puede considerarse un proceso de reproducción directa de la realidad física, dado que existen mediaciones que toman parte en su desarrollo. Estas mediaciones permiten la ocurrencia de hechos perceptuales notables como la sensación de unidad de los objetos fenoménicos, las constancias perceptivas, la tridimensionalidad, la percepción de movimiento y las valencias atribuidas a los objetos. Estos y otros factores de la percepción que resultan naturales para un observador casual, resultan despertar inmenso interés en la investigación de la percepción y en la búsqueda de una explicación para lo fascinante que resulta la composición de un mundo perceptual que reproduce el mundo físico con precisión suficiente como para permitir la vida en él.



Referencia

Kanizsa, G. (1986). Gramática de la Visión: Percepción y Pensamiento. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.